Elvira Lindo y “El huevo Kinder”

16 Dic

La primera lectura que os proponemos es la de un capítulo del último libro de Elvira Lindo, Lo que me queda por vivir, y que se llama “El huevo Kinder”. Esta escritora nacida en Cádiz, se fue con doce años a vivir a Madrid y actualmente reside entre Madrid y Nueva York.

¿Por qué Elvira Lindo? Principalmente porque nos gusta casi todo lo que hace y ha hecho: libros para niños, como la saga del famoso Manolito Gafotas, libros para adultos (El otro barrio, Algo más inesperado que la muerte, Una palabra tuya), artículos periodísticos (la también saga de Tinto de Verano), guiones para cine (Ataque verbal, La primera noche de mi vida, El cielo abierto…). En fin, una mujer activa donde las haya que además ha demostrado ser valiente a lo largo de su carrera, desmarcándose continuamente de todos los encasillamientos posibles y sorprendiéndonos con cada nueva entrega de su trabajo. Pero quizá la mayor sorpresa nos la hayamos llevado con este último libro suyo por lo que tiene de autobiográfico y de desnudo, y por tanto expuesto: nos cuenta su vida, una parte de ella, la que vivió como madre soltera de un niño pequeño en el Madrid de los ochenta, intentando encontrarse a sí misma e intentando romper con todo lo que la había llevado a esa situación caótica (un desamor, ella misma, su infancia, su orfandad temprana).

Os dejamos el penúltimo capítulo del libro y os recomendamos que os lo leáis entero.

Esta es su página web oficial http://www.elviralindo.com/.

Aquí podéis ver todos los libros que tenemos de ella en la Biblioteca Universitaria. Y aquí podéis escuchar el capítulo propuesto como lectura en la voz de la actriz María Pujalte.

Después de todo esto, sólo nos queda pediros vuestra opinión…

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19 comentarios to “Elvira Lindo y “El huevo Kinder””

  1. María José enero 22, 2011 a 11:22 am #

    A mí me ha emocionado. Hace poco un amigo me dijo que la literatura, sobre todo, nos emociona, de alguna manera.
    Cuenta en pocas páginas muchas situaciones y sentimientos que caben en el día a día de cualquiera. La tristeza de la situación de fondo queda velada por el desenfado y la alegría de lo que ella percibió sobre lo que sentía el niño. Es curioso cuántas veces la misma situación la percibimos distinta los protagonistas: distintas posiciones de observación, distintos papeles. Claro que, ¿quién sabe lo que de verdad pensaba el niño? Elvira casi nos hace caer en la trampa, pero la doble visión aparente incluida en su relato, es solo la visión desde un ángulo, el de la madre y lo que ve, junto con su pensamiento interior. Muy bien descrito y escrito.
    Me ha gustado mucho.

    • Esperanza enero 25, 2011 a 7:49 am #

      Gracias por tu comentario, María José. La verdad es que “emocionante” es una palabra que bien puede definir el texto seleccionado (y el libro entero también), y si lo oyes en la voz de María Pujalte, pues todavía más

  2. Inma enero 25, 2011 a 8:34 am #

    Pues es un relato muy interesante sobre cómo los adultos usamos a los niños a nuestra conveniencia. Podría llamarse “El niño-coartada”. Tú no quieres quedarte en tu casa para no oir el teléfono porque estás agobiada y no quieres contestar, y qué haces? Pues si tienes un niño a mano está claro; lo vistes, le invitas a merendar y luego al cine, y así te tiras a lo tonto a lo tonto todo el rato fuera de tu casa y no escuchas el temido sonido del teléfono. Y como el niño además se lo pasa bien y alucina, pues genial, todos contentos.

    Bueno, ésta es una figura clásica ya en el cine y en la literatura. Existe también la variante del tío que le pide prestado su sobrino a su hermana para llevarlo al parque y ligar.

    Aunque hoy en día, ante la falta de niños utilizables y reutilizables, la cosa ha variado un poco y se ha creado para estos menesteres la figura del perro-coartada. Que no quieres escuchar el teléfono? Pues nada, te averiguas un perro y lo sacas de paseo, que la criatura tiene que hacer sus cosas. Y ya está, asunto resuelto.

    • Esperanza enero 26, 2011 a 8:19 am #

      Claro, Inma, por eso el estupendo comienzo del capítulo “Tú no lo sabes, tú recuerdas aquella noche pero no sabes por qué estábamos allí…” y el misterio sólo queda revelado al final del capítulo. Lo del perro, vale, pero los niños, por suerte o desgracia, siguen siendo muy utilizables, sobre todo cuando tienen cuatro años y los invitas al cine, helado, bocadillos, huevos kinder…

      • María José enero 26, 2011 a 10:15 pm #

        No se trata exactamente de utilizarlos, es que son parte de todos tus minutos, y si no quieres estar en casa para no oír el teléfono, no puedes irte sin ellos, ni quedarte sin morir en el intento. ¿De verdad nunca habéis sentido la necesidad de salir corriendo? Pero cuando se tienen hijos, la libertad cambia de ejes coordenados, de escala e, incluso, de amplitud. Y aprendes, sí, lo aprendes bien, cuando tienes hijos, a no juzgar a nadie, a no hacer afirmaciones absolutas… Nunca.

      • Inma enero 27, 2011 a 7:59 am #

        Bueno, tampoco hay que mitificar tanto la paternidad. Si todo el mundo que tiene hijos se abstuviera de juzgar o de admitir verdades absolutas, como tú dices, el mundo sería algo completamente distinto. La pura verdad es que, se tengan o no se tengan hijos, la mayoría de la gente piensa que en una controversia lleva la razón y que los que lo hacen mal siempre son los otros. A ver, somos así, y tener hijos no nos salva ni mucho menos de nuestra condición.

  3. Merche enero 26, 2011 a 2:13 pm #

    Me ha gustado. No leía a Elvira Lindo desde “Tinto de Verano” y la pienso retomar.

  4. javier enero 26, 2011 a 5:43 pm #

    La verdad es que emociona. No sólo por lo que dice, sino por ser capaz de decir lo que dice. Aunque sea amortiguado por el tiempo, tiene que ser duro quedarse desnudo y solo frente al espejo, para mirarte a ti mismo. Y reconocer tus errores, tus miserias. Y contártelas a ti mismo -contárselas a los demás es sólo una excusa para poder hablar contigo en voz alta-. Pues sí, me emocionó. Y quiero saber más de esa madre y de ese niño. Así que… a comprar la novela.
    Saludos.

    • Inma enero 27, 2011 a 8:48 am #

      A mí no suelen gustarme las novelas con componente autobiográfico; en la mayoría de los casos el escritor va a salvar su culo y a echar toda la tierra que pueda encima de los otros. Sí, reconocerán unos cuantos pecadillos y alguna que otra miseria, pero sólo para revestirse de humanidad y mostrarnos aún más ensalzadas sus virtudes al final. Y sinceramente no creo que Elvira Lindo vaya a ser menos.

      Ya en este capítulo se ve venir por la forma en la que habla del personaje con el que no quiere hablar por teléfono, que creo que es el padre de la criatura. Supongo que será su forma de vengarse de él por todo lo que le hizo pasar.

      No sé, tiene un tufillo victimista que a mí personalmente me echa un montón para atrás.

    • Julia enero 27, 2011 a 11:30 am #

      A mi me ha gustado como describe un Madrid gris de los 80 tan alejado del mitificado y colorista Madrid de la movida.

      Entiendo perfecamente sus inseguridades. Si ya con esa edad te sientes perdida (al menos yo lo estaba también) me puedo imaginar que con una criatura de la que eres responsable te sientas aún más aterrada. Y los papeles se intercambian el niño se convierte en adulto a ratos.

      • Magdalena enero 27, 2011 a 1:38 pm #

        Yo nunca había leído a Elvira Lindo, pero este capítulo me ha motivado para leer el libro entero. No sólo por lo que cuenta, sino por la forma que le da a las palabras. Al igual que Javier, tengo la impresión de que hay que ser muy valiente para desnudarse así con uno mismo y con las personas que te rodean. Y además ser capaz de contarlo con la misma fluidez y naturalidad que uno cuenta cualquier historia ficticia.

      • Esperanza enero 28, 2011 a 11:58 am #

        Son las dos visiones que el lector puede tener de un libro que se confiese autobiográfico: por un lado el autor nos justifica sus miserias y por otro admiramos la valentía de la exposición pública. Otra forma que se me ocurre es leer el libro como una novela sin más, sin tener en cuenta si es autobigrafía o no (aunque a mí me cuesta una vez que lo sé)

    • María José enero 27, 2011 a 2:25 pm #

      Yo también he decidido leerla completa… Ya nos contaremos?

  5. Beatriz febrero 2, 2011 a 1:20 pm #

    Independientemente de que sea autobiográfico o no, que en principio a mí no me importa, me encanta esa naturalidad de Elvira (no realismo) que con unos cuantos detalles nos permite reconocer la situación, el espacio, el tiempo.

  6. Enero febrero 6, 2011 a 9:01 pm #

    Me ha gustado, y comparto mi opinión con Mª José. Lo que más el contraste entre la visión de un adulto y la de un niño ante el mismo acontecimiento. Mientras que la madre sufre una precipitada y angustiosa huida, el niño, desde su inocencia, disfruta de la maravillosa sorpresa de una salida inesperada y diferente. Las dos caras de una moneda. Como en el mismo hecho de ser padres, que también se menciona en este capítulo (“mucho más perdida que tú, tanto que se podría decir que es él, el niño, tú, el que, sin pretenderlo, la guía a ella, a mí”… , “el único motivo de esperanza para buscar la salida, la solución”): surgen muchos miedos cuando tienes un hijo, pero precisamente el tenerlo te infunde fuerza y valor, un valor nuevo y desconocido.

    Por otra parte, ella, en esa etapa de sus vidas, se sentía desorientada y culpable, tanto que aún le pesa. Por eso, creo que, igual que el niño volvía como exorcizado de las pesadillas, la madre al contarle todo esto lo que pretende es echar fuera a sus demonios de una vez.

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